lunes, 12 de agosto de 2013

[Segundo capítulo]



Me subí al tren, un veintinueve de setiembre; casi un mes más tarde de conocer a la persona, a la que tenía claro, que no dejaría escapar jamás. Tenía miedo y estaba muy nerviosa. Aún recuerdo todo, sin dejarme nada, de lo que en aquél momento se me pasaba por la cabeza. Las manos me temblaban y las piernas me flaqueaban sin parar. Miraba de un lado hacia el otro, observando cada detalle de aquél vagón. Me bajé del tren, mi estado de nervios se había multiplicado por dos a diferencia de cuando había subido a él. La ví, de lejos, dentro de la estación. Una sonrisa infinita reflejó mi rostro. Por fin crucé las vías, ahora, con unas ganas inmensas de abrazarla. Me planté delante de ella, la miré, me sonrojé, sonreí y la abracé. En aquél instante, sólo éramos ella y yo. Nada más tenía ojos para ella. Era preciosa, más de lo que yo me había imaginado. Al momento, apareció su madre, le di dos besos y marchó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario