Cuando somos pequeños vivimos en un mundo totalmente distinto al de los adultos, pero hay una cosa que nunca cambia; los tropiezos.
Tropezamos cada dos por tres, quizá, muchas veces en la misma piedra, en el mismo camino o probablemente por querer ir demasiado deprisa. De pequeña, me enseñaron a saber donde pisar y, lógico, si no pisaba bien, levantarme aún con más fuerzas y seguir. Una noche, mientras dormía, en mis sueños, hubo un duende que me preguntó algo:
- Cuando yo sea mayor, ¿Seré feliz? -me preguntó.
+¿Por qué no ibas a ser feliz? - Le respondí. Cuando nos hacemos mayores cambiamos, pero nuestra vida, nuestra forma de ser y todo no tiene porqué cambiar. Hay días que lloramos y en cambio, hay otros que reímos. Tú sólo serás feliz si de esos tropiezos te levantas y sigues por el camino correcto. Mucha gente dice que la felicidad para tenerla tienes que buscarla. No, la felicidad no se busca, se encuentra. ¿Cuándo? Cuando sea el momento oportuno para aparecer, hay que tener paciencia. No debemos ser impacientes y avariciosos, debemos saber esperar. Todo llega a su tiempo.
Eso sí, no dejes de sonreír nunca, tu sonrisa es preciosa.
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