Hacer poesía sobre el papel, no es ni la mitad de bonito que hacerlo
debajo de las sábanas. Es algo así como hacer que los versos disminuyan y los
orgasmos aumenten. Tocarte a pasado de ser un verbo, a ser mi mayor adicción
entre gemidos. Hicimos el amor como nunca, ya que nunca lo pudimos llegar a
ser. No importa las horas que me pase haciendo poesía, mientras tú, después,
puedas llegar al éxtasis de placer. Aún noto tu aliento en las cicatrices que
me dejaste en la espalda y siento tu calor en las noches más frías. Siento una
necesidad extrema de querer comerte, incluso, en lugares que jamás pudieras
llegar a imaginarte. Hacer que te corras de poesía en todos los rincones de la
casa, uno por uno, hasta que no puedas más. Me encanta escuchar cómo relatas cada
verso de Becker y cada sinfonía de aquel piano, al cual nosotras nos encargamos
de arrancarle las teclas. Cada bulería que solía tocar Camarón con la guitarra,
nosotras lo volvíamos a hacer con orgasmos y gemidos de más. Y tú, pequeña, si
estás leyendo ésto, déjame desnudarte para corrernos de poesía.
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